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Exposición 'hamabi urte...'

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ANTON MENDIZABAL: ENTRE LA MANO Y EL CONCEPTO

 

EDORTA KORTADI

Deia Igandea. Domingo 3 de octubre 1993

 

ANTON MENDIZABAL: ENTRE LA MANO Y EL CONCEPTO

 

Anton Mendizabal Cristóbal (San Sebastián. 1945) presenta en la Fundación Kutxa Gipuzkoa de Donostia el trabajo realizado en madera a lo largo de estos últimos 12 años (1982-1993), acompañado de una instalación-homenaje al frontón vasco. Su escultura se inscribe en los parámetros de la escultura vascajde postguerra y conecta con las raíces y planteamientos de la artesanía tradicional de esta tierra.

 

Arte y artesanía

 

Antón Mendizabal lleva muchos años inmerso en el mundo de la artesanía, en el mundo de lo manual y del «homo faber», constructor, arquitecto e ingeniero del espacio y del tiempo teométrico. Un espacio y un tiempo que parecen, a primera vista sencillos y reiterativos, pero que encierran al decir de José Migel de Barandiarán y de Julio Caro Baroja los enigmas y secretos del cosmos y de la naturaleza entera. Quizá por eso mismo Anton Mendizabal no es un artesano cualquiera. Es un artesano por vocación y por decisión propia. Es un artesano conocedor de las ciencias y de las letras, licendado en Filosofia y Letras, profesor de la Historia y el Arte, y diseñador de objetos artesanales, a caballo entre la tradición y la vanguardia. Es curioso constatar que cuando todo el mundo reniega de la artesanía, el decide partir y trabajar libremente en ella. Es curioso constatar que cuando todo el mundo reniega de las vanguardias históricas y se vuelve postmoderno, él decide trabajar en una escultura de claras raíces vanguardistas, cargadas de intuición y de concepto.

 

Raíces artesanales

 

Su aprendizaje y su técnica escultórica parte y se enraiza en las técnicas artesanales de su tío Alejandro Amenabar, con quién aprende a elegir la madera adecuada, a cortarla y tallarla, a pulirla y trabajarla, por delante y por detrás y hasta por los dos lados, y que pronto comenzará a tomar mayor volumen y dinamismo, intuyéndose ya en estas primeras obras su ascendencia escultórica.

De sus primeras argizaiolas planas «Azkoitia I y II», pronto pasará a la superposición de planos de madera y al dinamismo de líneas: «Bat» (1982) y «Bi» (1983). Tendencia a lo escultórico y volumétrico así como fuego con formas y líneas recto-curvas  parecen  estructuras  que  se mantendrán y repetirán a lo largo de todo su proceso. Como se mantendrá también su buenhacer artesanal, su saber elegir la madera adecuada, fresno, roble, haya, nogal y su saber cortarla y tratarla, hasta los límites precisos en que ésta logra y cobra su punto álgido creativo.

Su proceso en este sentido puede parecer lento, no posmoderno y a grades saltos, sino pausado y reposado. Me atrevería a decir que Mendizabal posee un «tempo lento», un tempo grave, un tempo artesanal, un tempo rural y agrario al que él no está dispuesto a renunciar al menos por el momento.

Sin embargo en su interiorAnton es un hombre dinámico, urbano y abierto, tan abierto como sus primeras «Argetik» (argizaiegurretik), a los que ha vaciado su interior, para atraparlo con ritmos rectos y esquinados superpuestos hasta lograr una arquitectura-puzzle de marcados acentos racionalistas y orgánicos. Es muy coherente y pausado en este sentido su evolución desde «Hirutik bat» (1984) hasta «Bederatzitik» (1990) pasando por otras fases intermedias. Su sintaxis parece cercana a la de Oteza y al del grupo informal de Escuela Vasca de postguerra.

 

Formas vanguardistas

 

Casi en los mismos años, y con un discurso paralelo, Mendizabal, dinámico e inquieto, saca a su argizaiola del plano bidimensional y comienza a desarrollar con ella un juego tridimensional, volumétrico y escultórico que no ha cejado hasta nuestros días. La serie «Argela» (argizaiegur-estela) se va convirtiendp poco a poco en un juego inteligente y racional, entre conceptual y minimal que cuajará en obras de gran pureza formal y volumétrica; «Hiru» (1984), ejecutada como homenaje a Manuel Lekuona, «Lau» (1985), «Sei» (1986). La argizaiola se ha ido abriendo y cobrando forma de escultura y ésta se va poco a poco convirtiendo en estela. En este proceso inteligente, nada se rechaza ni se deshecha, todo se transforma y se integra, como en un proceso total de vida dinámica. A Mendizabal, por otro lado no le pesan sus «señas de identidad», no le encierran ni le estorban sino que le expanden y le unlversalizan. Desde aquí, fácilmente el artista penetra y desarrolla su serie «Krontela (Kronletx-estela), serie en la que creemos nosotros ha logrado algunos de sus mejores aciertos y de sus más depuradas propuestas: «Bat» (1986), «Lau» (1990), «Sei» (1990),     «Zazpi» (1990), «Zortzi» (1990), «Hamar» (1990). En ellas realiza el artista un estilizado y fino diseño de interrogación y aperturas hacia un futuro que se nos muestra incierto, pero lleno de esperanza y de vida. Son estelas de interrogación y afirmación al mismo tiempo. Están llenas de lo que les falta, del sol de la vida, del eguzki lore y del cromlech, que también estarán presentes en otros ejercicios de esta época: «Kromlech» (1990), «Mairubaratz» (1990) dedicada a Remigio Mendiburu.

 

Formas tradicionales

 

Pero lo cierto es que Mendizabal está abriendo puertas y ventanas, tanteando y desarrollando a partir de la artesanía popular       creativa, también otros caminos como el de las figuras tótem «orantes» y «oferentes» que, surgiendo de las argizaiolas, se convierten en seres antropomorfos que levantan sus brazos al cielo en oración, u ofrecen su cera en silencio: son los «Intxela» (Intxixuestela), «Argenbor» (1991), «Argintxu» (.1992) o esos otros seres gnomos, personajes de la noche que parecen salir o asomarse desde las «Peñas de Aya»: «Intxixu» (1993), «Harrintxu» (1993), son todos ellos seres filiformes, etéreos y al mismo tiempo pesados y pegados a la tierra desde la que nacen. La conjunción de la pizarra, la madera y la cera es otro de los aciertos e imbricación de contrarios de estas figuras-piezas. A partir de ellas surgirá el juego y la serie con diversos elementos hasta lograr e1   conjunto querido:   «Intxixubaratz» (1992), «Harrintxu» (1993). Y es que el artista como buen maestro y pedagogo que es, trabaja en familias o constelaciones de piezas. Una le pide otra, y ésta la siguiente. Otro tanto podemos decir de su serie "De frontones» que parte y desarrolla siempre hasta el final, formas limpias y claras, elementos y líneas rectas, espacios internos ocupados por la presencia ausente del jugador de pelota. Son casi objetos-banco de pruebas de raíces oteicianas y minimales, hoy tan en boga: «Bat» (1983), Hiru (1991), «Bost» (1992), «Zazpi» 1992), «Pasa ingurua» (1992), «Estela» (1992).

Su instalación sobre el frontón vasco resulta sorprendente y de gratos efectos.

No menos interesantes y más completos formalmente resultan algunos de sus diseños para «Trofeos oficiales» como su "Dantzariak» (1984), juego de tensiones y ocupaciones rectocurvas, sus «Xoriak» (1989) de marcado acento infantil y cinético, o piezas autónomas de gran depuración formal y referencias tradicionales, como «Haritzaz» (1982), una magnífica pieza constructiva , «Itxasorantz» (1984), e Iniker» (1991), pieza mínimal y cinética de gran belleza.

Pero demos tiempo al tiempo. Este proceso lento y coherente iniciado con seriedad hace unos doce años, ha comenzado a cuajar y a dar algunas obras y series que poseen personalidad propia y pueden evolucionar hacia propuestas de alto valor significativo. El intento de crear obras de arte desde la artesanía a través de una propuesta tan racional y pedagógica no se había hecho antes nunca aunque existan también otros intentos válidos a otros niveles (Oteiza, Txillida, Basterretxea, Mendiburu, Ugarte y Anda entre otros). La obra de Anton Mendizabal va surgiendo y afirmándose desde la artesanía hacia el arte con valor propio y autónomo y éste sigue afirmando la validez de sintetizar y aglutinar sus formas y valores sobre las raíces de aquella que es el origen y el sustrato de todo.

 

 

Agencia: prismacm